Mi abuela Vito.

Elvira Zarate (Vito)
Dime abuelita- Cri Cri

Vito, el personaje de mi infancia que me persigue y me hace bromas, se resiste a quedarse tranquilita en el más allá.

Ha sido, ahora que lo pienso, la que varias veces, metida en mi cuerpo me mueve los brazos, articula la boca y me empuja la voz en momentos de gran audacia, que hasta hoy no había podido comprender.

Vito es la persona más cálida y alegre de mis primeros años, ella y mi viejo (Tyronmex) consolaban sin saberlo cualquier tristeza o preocupación que pesara en mis pequeños hombros y de ahí sobre mis alpargatas.

Cuando brincaba la barda que dividía las dos casas, me parecía llegar a un mundo diferente, tan diferente como el que encontró Alicia al caer por el agujero profundo que la llevó al país de las maravillas.

Mi abuela cantaba mucho y yo mucho la molía.

Vito, cántame la de la negrita.

Vito, cántame la de la muñeca fea.

Vito, cántame la de la abuelita.

AG

Nunca me dijo que no. Cómo sacó la paciencia para hacer el quehacer, cocinar, lavar la ropa en el chaca chaca y ponerse bonita para cuando llegaba su viejo? No lo sé, pero nunca la vi quejarse. Esa manía de no quejarse la convirtió en una mujer feliz.

Yo andaba detrás de ella y la seguía hasta la azotea a tender la ropa, como los flecos de los papalotes atrás y titiritando.

Puedo escuchar su canto y también, olerlo todo desde aquí, ahora.

El olor a jabón de la ropa cuando salía del exprimidor, que parecía mas bien, una máquina de tormento inquisitoria; dos garrotes, que se chupaban las ropas, (que como he mencionado antes, en “los viejos”, son como otras “cosas” que guardan pequeñas almas). Estas ropas, eran aventadas por detrás sin culpa, tratando de ser despojadas por el exprimidor, de sus pedacitos de alma.

Algunas “cosas” llegan a merecer este privilegio de poseer pedacitos de alma, porque mimetizan con sus dueños y absorben sus esencias, recuerdos y humores con tal empatía, que logran esa distinción. Yo les he llamado “los galardonados”.

Ahora pues, la chupadora parecía haber despojado los pedacitos de alma de los trapos o ropas, pero horas después, el aire impuntual (casi siempre) y los rayos del Sol, con esa necedad de salir, los esponjaban y los blanqueaban, como el horno redentor de mi abuelo a la masa que entra. (En otra batalla que nunca nadie ni ganó, ni terminó).

Yo miraba y hablaba, hacía muchas preguntas que mi abuela no sabía responder porque desde pequeña me revelé a aceptar todo aquello que no cabía en mi lógica aún incipiente. Pero ella ponía mucha atención a mis locuras y mi imaginación desenfrenada desde entonces. Mi Vito solo se sonreía para de inmediato cambiarme el tema.

También puedo oler el olor de la ropa secada bajo el sol, el viento y el pecho sudoroso de mi Vito cuando me dormía en sus brazos y las dos callábamos, también en complicidad, yo porque dormía y ella para que durmiera.

Escuchábamos a los Panchos, Lara, María Grever y otros; Muñequita Linda de cabellos de oro,🎵 de dientes de perlas, labios de Rubí….🎶

En una ocasión mis abuelos tomaron un camión y tan pronto se sentaron, se comenzaron a escuchar las risas y el gori gori entusiasmado de Vito. De inmediato introdujo a mi abuelo con su vecina de asiento;

Vito. -Le presento a mi esposo.

Abuelo. -Encantado.

Señora. -Mucho gusto.

Vito. -Y cuénteme cómo ha estado?

Señora. -Muy bien gracias, aunque fíjese que murió mi marido…

Vito. -No me diga! Hay que pena! cuanto lo siento.

Señora. -Así es, Dios lo tenga en su gloria, (lagrimitas y pañuelo) era tan bueno, …..

Veinte minutos más tarde… (las dos platique y platique)

Baches, paradas, enfrenones y topes.

Señora -Y usted?

Vito – Todos muy bien gracias, ya se me recibió el más chico, entra a trabajar el mes que viene….. (las dos platique y platique)

…Llegando a la parada.

Vito. -Y todavía sigue tomando clases de costura?

Señora. -Costura? ….( silencio total ) No. Yo nunca he tomado clases de costura. Ni tengo máquina de coser.

Vito. -Pues que no nos conocimos en las clases de costura?

Señora. -No, no fue en la cooperativa de la secundaria G. Arteaga?

Vito. -No. Ni sé dónde es eso!

Carcajadas de los pasajeros alrededor, 😂🤣😂🤣😂

Vito. -Hay perdón. Que pena.

Abuelo. -Por lo visto, aquí el único conocido soy yo. 😂 A mí sí me presentaron.

Uno de tantos despistes de la rubia cantora, que mi abuelo disfrutaba con sonrisas mesuradas pero que lo arrebataron por dentro.


Mi abuelo murió cuando enterramos a mi Vito (mi abuela) y seguro no despertó sino hasta llegar al cielo y encontrarse con ella. La encontró fácilmente siguiendo la tonadita;

Te quiero dijiste – María Grever

muñequita linda.. de cabellos de oro…


Yo pienso que es ella quién me cuida, que va y viene porque no le gusta quedarse en un solo lugar. Cuando se va a ayudar a alguien que la necesita más, me pasan las cosas más feas que se puedan imaginar.

Nunca crecemos lo suficiente para dejar de extrañar las torrejas, sopes, o huevos ahogados que los domingos nos tenía preparados para desayunar. Desde su patio hacía el llamado tribal a sus nietas. Y nosotras prestas corríamos por la escalera al país de las maravillas.

Mujer sabia y simple. No luchaba con lo que sabía no podría cambiar y conocía su deber para con los demás.

Si pudiera verla de nuevo le daría las gracias, por haberme querido tanto y le pediría que me cante una canción.

Puntuación: 5 de 5.

La lluvia y los gritones. Desde mi ventana adriana-guerrero

Muchos de nosotros, no pueden darse el lujo de quedarse en casa y con valentía, resignación, y mucha necesidad, caminan con sus cuerpos encorvados, la expresión rígida y la mirada ida hacia los lados y arriba atentos ansiando una respuesta. Aún así, sacan la fuerza de no sé dónde, para gritar sus pregones a los cuatro vientos. Los gritones de los tiempos del covid, son el ejemplo más valioso de resilencia humana y del espíritu invencible de este pueblo milenario
  1. La lluvia y los gritones. Desde mi ventana
  2. Mi Vito
  3. Su majestad…La Concha
  4. Porque también somos lo que no nos perdonamos.
  5. Tyronmex
  6. La espera. Desde mi ventana
  7. Para cuando no estés.
  8. Con la culpa encima.
  9. Confesiones de un robo. Para Regina
  10. El Volcáan glotón.

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