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Confesiones de un robo. Para Regina

En la época en que reconstruíamos el hotel Vermont, que el abuelo Don Matías levantó en vida con mucho trabajo, tu papá y yo vivíamos en el edificio de al lado y mi ventana de la cocina daba justo enfrente de la construcción.

Desde ahí podía ver las fumarolas de arena y escuchar los gritos de los albañiles de la obra en un dialecto muy torcido, códigos y albures entre carcajadas indiscretas al compás de cumbias y norteñas.

Fue una tarde como otras, mientras cocinaba sopa de fideos, picadillo y una jarra de agua de limón, que mirando por la ventana, veo a lo lejos que algo vuela, o flota, o me lo imagino, enorme y bobalicón.

Apenas unos días atrás había visto Jurassic Park!!! Mi mente me jugaba bromas y mi corazón se aceleraba cada vez más.

Me quedé inmóvil mientras la cosa tripodactilocus enplumae blanquéatelo, se venía sobre mí.

Trate inmediatamente de tapar la cazuela del picadillo por si acaso era el olor pernicioso de mis guisos lo que traía al volador hacia mi ventana.

¡En medio del pánico y el ruido del corazón que se me quería salir, estrellé la jarra del agua de limón contra la ventana!

Eso fue lo que seguramente causo que el volador se distrajera, volteara hacia la izquierda y se diera el más feo de los madrazos que he visto de un bobalicón contra un poste de construcción.

Me olvidé de los cristales y charcos pegajosos por doquier en mi cocina y corrí hacia la puerta para escapar de mi departamento y conocer al reptibroncoavebiparo que posiblemente había escapado de algún cine cercano.

Cuando por fin llegué a la escena del madrazo, me llevé la sorpresa más grande de mi vida… ¡Una cigüeña! ¡Bueno es que era muy grande seguramente se dirigía a algún lugar muy lejano para ese tamaño de emplumado!.

Junto al pájaro gigante había un bulto que afortunadamente cayó sobre uno de los colchones que habíamos comprado para la remodelación del hotel.

No era un bulto común y corriente era redondeado, regordete y se movía.

Con miedo y todo asomé un ojo por el hueco junto al nudo y … ¡Ahí está; vi los ojos más grandes y hermosos que jamás hubiera podido imaginar! ¡Eran tan grandes que llegue a pensar era un envío de ojos, cuando de repente… se asoma un piecito también! Wow! ¡Pensé… aquí dentro hay una bebé!

Cuando logré deshacer el nudo aprovechando que la pobre cigüeña seguía en desmayo, pude tomar en mis brazos a la bebita más linda del mundo, con unos ojos olivo maravillosos y unos huequitos en los cachetes que aparecían y desaparecían con sus risotadas. Fue amor a primera vista.


Una carta dentro del bulto decía;
  • Lugar de Origen; El cielo
  • Género; Femenino
  • Carácter; Alegre y cariñosa
  • Precauciones; Inquieta, puede causar dolor de cabeza
  • Destino; Principado de Abu Yahab. Medio Oriente

Si. Ya sabes el final, no pude soltarte de mis brazos. Tomé un ladrillo de los muchos que había en el piso y lo envolví dentro del bulto junto con la carta.

Me apresuré a reanimar a la cigüeña antes del regreso de los albañiles de su hora de comida, si la encuentran ahí de seguro la hacen pollo asado para la fiesta del domingo.

La pobre cigüeña todavía muy atarantada y dando tumbos emprendió el vuelo si es que se le puede llamar así.

La pequeña princesita ha llenado mi vida de luz y de ilusión.

He puesto sin embargo un letrero en el poste del hotel que dice; “Cuidado! altamente peligroso! madrazo bajo su propio riesgo!, no devolvemos princesitas.”

Prefieres escucharlo?

Puntuación: 5 de 5.

4 Comentarios »

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