Un par de viejos

El viejo.

Hace frió, está obscuro, por dentro y por fuera, la combinación perfecta que encorva los huesos del más aguerrido ser, es eso o… el peso de los cuellos cortados y las culpas de sus reclamos. Pareciera que aquí no pasa nada y así lo es, el viejo deambula por la casa como un fantasma perdido, como un verdugo al final de sus días.

Los días y las noches se enredan en armonía maravillosa.

Las ventanas de la casa permanecen cerradas, el aire espeso de años guardado en su interior manipula los sentidos, el olor penetrante de madera vieja, grasa, ungüentos mentolados, sudores y gases humanos mantiene una certidumbre y un sosiego permanente, como el trapo apestoso que tranquiliza a los recién nacidos; la penumbra y el silencio también contribuyen.

La anciana.

Ella le sigue los pasos, como muñequita de cuerda, hace mucho tiempo ya que no desea nada, ni siquiera recuerda haberlo deseado, la rutina y el miedo son más fuertes que la conciencia, ella solo trabaja cada segundo sin descanso y así es mejor, finalmente.

Los huesos de la anciana han resistido mejor el paso de los días, el trabajo constante en el cuidado de el viejo y hasta hace un par de meses, su vecina,de más de 90 y con la mente volada, le han permitido caminar derechita y de prisa, sin queja alguna. Para quejarte debes tener el deseo de justicia y ella no desea nada, el hombre con quién deambula mimetiza todo a su alrededor y la justicia no existe en el mundo de algunos viejos.

La casa.

No es una casa, es un mundo, uno donde todas las voluntades se estrellan en sus paredes.

Los troncos macizos que enmarcan la escena son tan robustos como los muros contiguos de las prisiones, donde también los hombres esperan ser recordados.

En contraste con ésta sobriedad, en la mesa de centro hay un arreglo de flores secas que tiene muchos años en el mismo lugar, ha ganado el privilegio de no ser una cosa más, es un ser con espíritu y todo, muchas cosas alrededor lo han ganado también, “los galardonados”, platican, ríen, gritan y arrullan a este par.

Las fotografías de los nietos invaden el interior, creo que con esto intentan traerlos de vuelta o alejar la demencia que hace olvidar y que ronda por doquier.

El día.

Podría ser ayer o mañana o el mismo hoy, en realidad casi todos son iguales, cuando se es viejo ya se espera muy poco, y ese poco no llega. Los días transcurren entre la cama, la cocina y el viejo sofá frente al televisor. La vida no, aquí solo transcurren los días y los recuerdos que con la demencia cada vez son menos y éstos entonces, se repiten constantemente para ocupar el lugar de los que se han perdido.

El desamor

De quiénes olvidan

Y que mata lento y preciso a los viejos olvidados, y a los espíritus galardonados que los acompañan.

AG


Seal. Autumn Leaves

Puntuación: 5 de 5.

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