Somos piedras con sus corazoncitos por dentro.

Somos lo que enfrentamos.
 
Esculpidos y deformados por el torrente de este gran río, cuya finalidad, no es como muchos piensan, encontrar la mar, ahí sólo descansa.
 
Somos también el río, que transforma todo aquello que se cruza en el camino.
Ese es el fin, su regocijo, el camino, el medio, el acto de creación, no la desembocadura.
 
La adversidad es tan grande como le permitamos que nos deforme.

 

La adversidad es la corriente del río moldeando la piedra  y es a veces la piedra que a la corriente rompe en dos y desvía.

Somos una piedra del río que anda, que grita, que canta y que guarda un corazón.

 

Somos parte del camino, el barro y el escultor, todo es uno mismo.
 
 
El mar también y su desembocadura.
 
La mano del niño que avienta la piedra y el que la recibe.
 
Somos todos piedritas con sus corazoncitos por dentro.

 

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